Junio, mes de celebraciones

27 Julio, 2012. Archivado en categoría:

Por Renato Cárdenas Álvarez, Archivo Bibliográfico y Documental de Chiloé, renatocardenas@hotmail.com

Amanecían gritando:

“San Juan, San Juan Pelao, que no tiene carne ni milcao arriba de su soberao”.

El mundo estaba bendecido por el bautista. Las mujeres se lavaban con los rocíos del campo; sus cabellos lucirían primorosos y sanos.

Los más chicheros se preocupaban de azotar con vigor los manzanos para que, al menos, les dieran un barrilito de alegría.

La noche anterior había sido mágica. Una brecha en el tiempo y en las razones para introducir lo lúdico, erótico y lo ingenuo a nuestras cotidianidades.

La noche del ‘tropom’; tiempo de espejos y contraespejos; de entierros y visiones extraordinarias.

San Juan los convocaba a la Fiesta: al encuentro, al brindis y a la comida. Empezaba el invierno y la celebración de los santos en Chiloé.

Wetripantu, el Año Nuevo Mapuche

Durante el Wetripantu de las comunidades indígenas de Hualaihué, celebrado a fines de junio en Puntilla Pichicolo.

En Europa sucedía lo mismo. Tradiciones celtas milenarias eran dueñas de estas noches celebrando el solsticio estival.

El catolicismo introdujo al ‘Santo de Caballería’, reemplazando a las festividades “paganas” en torno a los solsticios de verano e invierno, en el norte y el sur del planeta.

Los mapuche celebran el solsticio invernal o ‘wetripantu’, ‘el tiempo en que sale [vuelve] el sol desde el norte’. El Padre Rafael E. Housse (Epopeya India, 1940) relata que “a medianoche o a más tardar al alba, todo el mundo está en pie y se va a bañar a la orilla más cercana porque ellos creen que en esta hora matutina posee el agua virtud particular comunicada por el Gran Espíritu a favor de los mapuches diligentes. Ancianos, adultos y niños; hombres y mujeres, enfermos y sanos, todos se lavan en la corriente y todos lanzan a grito pelado, estentóreos vivas al año nuevo. Terminado el prolongado baño, todos brincan, se divierten, charlan y comen hasta que se hace de día; pero, por sobre todo beben chicha /…/ Luego, antes de las ocho, sacrifican un cordero en presencia de toda la tribu. Los ancianos recogen la espumosa sangre en un jarro de barro cocido y la levantan al cielo a la vez que un jarro de chicha; después derraman lentamente por el suelo ambos líquidos, pidiendo que sea bueno el año para todos, chicos y grandes. El Espíritu Protector del tiempo así invocado y conquistado, empiezan los regocijos”.

El catolicismo se apoderó de esta efeméride, pero aunque con nuevos y desintegrados signos, el ‘Nguillatún’ y la fiesta mapuche, han sido transplantados a un nuevo escenario: las celebraciones de San Juan, en Chiloé.

Chopón, tropom o calzón de palo

Un publicista lo definiría como el ‘logotipo’ de la Noche de San Juan. Es una bola de chuño que al ser colocada sobre las brasas forma delgadas capas, las cuales se van extrayendo y la masa es retornada una y otra vez al fogón hasta que se consume. Los comensales las comen acompañadas de miel, mantequilla, dulce o ‘yides’, esos chicharrones menudos que se guardan de los ‘reites’ de chancho. Acompaña al mate, al café o lo que se bebe en ese momento. La primera ‘capa’ es apodada la ‘capa del pobre’: es más tosca y no deben comerla los niños porque anuncia pobreza -nos dice una vecina de Nercón- esa la come la persona madura, que tenga edad. Hasta la tercera es buena para ellos.

El escenario para este ritual eran los braseros de ‘cancagua’, que ya no existen. Hoy se cuece sobre la plancha de la estufa.

Tropón significa en mapudungun: explotar, disparar. Pero la gente interpreta estos saltos o bailes de la bola de lío o chuño como mal augurio. Doña Rosa Maimae de Nercón hace algunos años nos contaba: “Una vuelta, contaba mi abuela, que la brasería era de lujo y pusieron la pelota a las 12 de la noche. Principió a moverse poquito a poquito y después se pasó a loco. Dice que las brasas saltaban lejos. Era mal agüero; se moría el mayor de la casa”.

Otros creen que la casa es abandonada o simplemente es de mala suerte cuando el tropón se vuelve loco, se ‘priva’. Sin embargo, un baile acompañado de chispas lanzadas hacia los asistentes, es señal de buen augurio. Otros creen ver visiones a la media noche, como hombres pequeñitos que transitan entre las brasas.

Los entierros

Así se les llama a los tesoros ocultos, en monedas y lingotes de oro o plata que se les supone originarios de la Colonia y que, en algunos casos pudieron pertenecer a los jesuitas. Los sitios son revelados cuando por las noches se dejan ver tres llamitas blanquecinas o se reconocen animales mágicos que custodian estos tesoros.

Era muy común asociar la riqueza repentina de ciertos comerciantes con el encuentro de un ‘entierro’ o una alianza con ‘El Caleuche’. La Noche de San Juan es el momento propicio para llegar a estas riquezas.

Entierros y visiones

Todos colaboraron en el Wetripantu celebrado en Puntilla Pichicolo para la realización del curanto, plato simbólico que reúne los alimentos de la tierra y el mar.

Dicen que el espíritu del tesoro se materializa en animalitos de extraños colores o formas. El afortunado que tenga esa visión debe tirarle una prenda y el objeto quedará señalando el sitio del entierro. Estos, a veces arden; entonces se ven tres llamitas blanquecinas -como cauquiles- que salen de la tierra.

Cuando uno va a sacar un tesoro se debe llevar la ropa al revés, sin ningún objeto bendito, sin mentar a Dios ni a su cohorte y el número de la comitiva ha de ser impar. Sin estas normas el entierro no se entrega o se corre. Finalmente, cuando se está cerca de él, principian a aparecer visiones diabólicas y ruidos de cadenas y lamentos para espantar a los profanadores. Por eso ningún buscador de entierros puede ir sin su botellita de aguardiente, para darse coraje.

Pero aquí no ha terminado todo. El vaho de la plata es muy dañino y más de un desenterrador ha muerto al año, seco como una rata envenenada. Al destapar la paila o el pisco de greda hay que hacer que un gato o un perro aspiren ese gas.

En Achao, donde se esconde el tesoro de los jesuitas en torno a la iglesia Santa María, se conoce una fórmula novedosa: la ‘Noche de San Juan’ hay que salir a caminar unos 7 kilómetros y entonces uno se topa con el Caballito de Siete Colores, el cual desaparece en el sitio donde hay un tesoro. Es un hermoso corcel de los cuentos maravillosos europeos, que generalmente ayuda a la ejecución de las tareas del protagonista.

Durante los preparativos del curanto del Wetripantu de las comunidades indígenas en Puntilla Pichicolo.

La isla Imelev, en la comuna de Castro, se supone que se resguarda uno de estos tesoros. Más al sur, en Las Guaitecas, los entierros buscados tienen que ver con el Pirata Ñancúpel, y en la isla Guamblín fue Cambiazo el que escondió la fortuna expoliada en Punta Arenas.

Pruebas en Noches de San Juan (creencias populares de Chiloé)

-La Noche de San Juan se cumplirán los deseos pedidos a las estrellas voladoras [Chonchi].

-La joven que sale al amanecer y se encuentra con un perro: su marido será un goloso o perro durante su vida [Castro].

-Al salir después de las 12, si se encuentra con un gato negro es mala suerte para el futuro; felicidad si el gato es de otro color [Chulín].

-Si sale, luego de medianoche, con una gallina negra y da vueltas siete veces la casa, encontrará al Diablo [Chulín].

-Al primero que encuentra y abraza, luego de las 12, puede ser su pareja [Matao].

-Si a medianoche se hace una cruz en los árboles, producirán el doble [Matao].

-Si a las 12, mira la luna y después la higuera, la verá florecer [Chulín].

-La higuera y el “pesebre” florecen esta noche. Quien posea una de estas flores será muy afortunado.

-Quien vea florecer la yerba buena esta noche será muy afortunado siempre que lo mantenga en secreto [Matao].

-Si entierra una haba y la va a ver a medianoche de San Juan, florecerá [Chulín].

-En la víspera se planta la flor de la hortensia, en un tarro con tierra y agua. Luego se le hace un pedido poniendo fe en el bautismo de San Juan [Achao].

-Hay que lavarse las manos con agua de vertiente para mantenerse joven y el cabello para conservarlo hermoso. Esa noche las aguas están benditas por el Bautista [Cheniao].

-Cuando llueve esa noche o al día siguiente, va a haber abundancia de manzanas [Achao].

-Antes de la salida del sol hay que regar los árboles con agua de vertiente para que den bastante fruta durante el año [Achao].

-Para tener buena siembra hay que tirar un pedazo de vela la noche de San Juan [Quenac].

-Si esa noche se pide bajo la higuera que la quiera su enamorado, saldrá cierto[Quenac].

-No sirve mirarse en el espejo en la noche, ni peinarse porque se le puede aparecer el Diablo, especialmente para la Noche de San Juan [Achao].

La Noche de San Juan y el Wetripantu en Hualaihué

Durante los preparativos del curanto del Wetripantu de las comunidades indígenas en Puntilla Pichicolo.

Fiel a su tradición chilota, Hualaihué no se queda al margen de estas celebraciones. En diversos sectores de la comuna, las familias y los amigos se reúnen en torno a “reitimientos” de chanchos, tradición que se practica principalmente en el ámbito de lo privado.

El Wetripantu o Año Nuevo Mapuche, en cambio, cada vez cobra mayor visibilidad. Esto se debe, en gran parte, a la gestión de la Asociación de Comunidades Indígenas de Hualaihué, que se formó hacia el 2001 y que actualmente reúne a las 14 comunidades indígenas de la comuna, 11 de las cuales están reconocidas por CONADI.

“Esta es una tradición ancestral que se celebra desde el 21 al 23 de junio, que son tres días de revolución entre el solsticio y la fertilización de la tierra, es algo muy importante para el pueblo indígena, y que hemos celebrado en años anteriores en la comuna, aunque ahora nos propusimos que cada año se haga en un lugar diferente”, comentó Héctor White, presidente de la Asociación de Comunidades Indígenas de Hualaihué, durante la celebración de este año, realizada el 29 de junio en Puntilla Pichicolo con el apoyo de la Municipalidad de Hualaihué, el INDAP a través del PDTI y la empresa AquaChile.

En ese lugar se realizó una rogativa en la playa, donde los presentes agradecieron por las riquezas naturales existentes en Hualaihué y pidieron por la prosperidad en el nuevo año que comenzó. Posteriormente se compartió un curanto preparado por la comunidad de Puntilla Pichicolo, plato simbólico que reúne alimentos de la tierra y del mar y se presenciaron cantos, bailes y música mapuche, entre otras actividades que se extendieron hasta el sábado 30 de junio.

“Estamos contentos de que nuestros compañeros hayan confiado en nosotros, que llevamos un año formados como comunidad, y que nos hayan elegido como sede para la celebración de este año nuevo, que esperamos sea muy bueno para todos nosotros”, expresó Segundo Gueicha, presidente de la comunidad indígena de Puntilla Pichicolo.

Yohana Coñuecar, presidenta de la comunidad indígena de la isla Llanchid y secretaria de la Asociación, explicó que “el objetivo de esta celebración es iniciar un nuevo año con buenas energías, para que podamos concretar nuestros propósitos y proyectos, y también para agradecer y pedir por que este año sea productivo, tanto en la tierra como en el mar”.

Aprovechó de hacer un llamado a las comunidades indígenas, pues, pese a las gestiones realizadas, el número de asistentes al Wetripantu fue menor al esperado: “Como comunidades indígenas no sólo debemos organizarnos para obtener beneficios del Estado, sino que, tanto o más importante, es el rescate de nuestras tradiciones y de nuestra cultura”.

 

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