La odontóloga Pamela Catalán responde: ¿Cómo prevenir los dientes chuecos?

2 Abril, 2010. Archivado en categoría:

El apiñamiento dental, más conocido como “dientes chuecos” o dientes montados o solapados unos sobre otros, es una de las alteraciones en la posición de los dientes en la boca más frecuentes en la población.
Se produce porque existe una diferencia entre el tamaño de los dientes y el espacio que necesitan para estar alineados.

Debido al proceso evolutivo del hombre existe una mayor tendencia a que ocurra apiñamiento porque los dientes se han mantenido grandes mientras que los huesos de la boca se vuelven cada vez más pequeños.
La primera causa de este problema es de origen genético, es decir, si los padres han tenido dientes apiñados existe una alta probabilidad de que los niños sufran este mismo problema, así también la presencia de dientes extra y macrodoncia o dientes anormalmente grandes que interfieren en la correcta ubicación de la dentadura.

Sin embargo, hay determinados factores de riesgo que son muy comunes y que originan esta alteración incluso sin presencia de factores géneticos. Por ejemplo:

  • Malos hábitos como chuparse el dedo, respiración bucal, uso prolongado de chupete, etc., que generan un desequilibrio de los diferentes músculos de la boca repercutiendo en la posición de los dientes.
  • Pérdida prematura de dientes temporales (de leche).
  • Dieta blanda por tiempo prolongado en niños. Es importante incorporar alimentos sólidos a la edad que corresponde debido a que el trabajo muscular insta a su vez al desarrollo de los huesos de la cara.
  • Caries extensas y que se mantienen sin tratamiento por largo tiempo. Esto porque los dientes, debido a la conjunción de fuerzas, tienden a moverse hacia adelante, ocupando el espacio que dejan las caries o la pérdida temprana de dientes. Recordemos que los dientes de leche permiten mantener el espacio para que ahí puedan aparecer los dientes definitivos.

Es importante saber que estos problemas, además de poder prevenirse o por lo menos aplacarse, necesitan de constante supervisión por un profesional desde que los niños son muy pequeños, ya que si durante la infancia se requieren sencillas maniobras para solucionarlos, en la adolescencia se necesitan tratamientos complejos y costosos. Un ejemplo son los frenillos fijos, los que además no son cubiertos por el sistema de atención pública.

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